Give me a break!


Hannah Arendt decía que el pensamiento es la facultad mediante la cual la mente es capaz de congelar el tiempo en un presente continuo gracias a una poderosa herramienta: la imaginación. Frente al mundo de las apariencias, que fluye y cambia constantemente movido por el paso tiempo (en las que operan las otras dos actividades del espíritu: la voluntad y el juicio), en el pensamiento somos transportados al mundo de las esencias, de lo general, de lo inmutable; el pensamiento opera con lo universal. Se trata de una actividad solitaria en la que el ser humano se divide en dos para establecer un diálogo silencioso consigo mismo.

Aunque el pensamiento es una actividad solitaria, su continuidad sólo es posible gracias a los demás. Para que el pensamiento no desaparezca, necesita ser comunicado y contar con el juicio de otros. El pensamiento presupone una comunidad, de ahí que la web social aparezca como el medio ambiente propicio donde aquél se encuentre bien alimentado. ¿No es la web social el mayor foro público de la historia?

¿Algún problema? Pues sí. Para que el pensamiento prospere bajo el escrutinio de los demás, no basta con ser comunicado; el examen que de ahí se derive presupone, a su vez, que cada uno esté dispuesto y sea capaz de justificar lo que piensa y dice, en resumen, que sea responsable. Y ahí, precisamente, es donde reside el desajuste entre pensamiento y web social. No sólo por los casos flagrantes de “tiro la piedra y escondo la mano” al amparo del anonimato injustificado (existen casos justificados lamentablemente), sino sobre todo por la inmediatez con la que transcurre todo en la red. Los acontecimientos llaman nuestra atención a tal velocidad que a veces establecer conexiones entre ellos resulta casi imposible. Llevados por la premura, si se consigue, es a costa de cierta superficialidad. Hemos convertido la red en un estado tan hiperestimulante que el diálogo interno con uno mismo se ve constantemente interrumpido por las novedades (yo hay veces que ya ni me oigo a mí mismo). Nuestras propias ideas son una especie de planta que para crecer necesitan de muy poca luz y tiempo y la web social puede resultar en muchas ocasiones una lámpara de máxima potencia y de larga duración.

El delicado equilibrio entre privacidad y vida pública en cuanto a la madurez del pensamiento se refiere, puede derivar en cierta enajenación; la abundancia de información, por su parte, en especialización. Cada vez sabemos más sobre menos cosas. Veo a Leonardo Da Vinci en su laboratorio con las Google Glass puestas viendo la opinión de sus followers sobre su último cuadro mientras trata de terminar el diseño de su último invento y mirando al infinito con ojos suplicantes diciendo: “give me a break”.

En cierta medida no envidio nada a los grandes protagonistas de la red que en busca de reputación digital han conseguido un número de seguidores estratosférico. Su influencia es tan amplia como su repercusión. Me pregunto si en algún momento dejarán de decir lo que piensan para decir lo que de ellos se espera. Me pregunto si en algún momento será más importante conservar la reputación conseguida que su propia independencia. Lo dicho, un equilibrio delicado entre lo público y lo privado. Como con las cajetillas de tabaco, a todo aquél que se adentre de lleno en la web social, le debería saltar un aviso que dijese: “las autoridades sanitarias advierten que el uso continuado de esta web puede ocasionar episodios esporádicos de enajenación. Para volver a encontrarse a uno mismo se recomienda tomarse descansos continuados”.

DESCANSO DIGITAL

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