Qué bajen las bibliotecas…por favor


Un post que escribí hace poco en este mismo blog, “Democracia xml y biblioteca compartida” , recibió un interesante comentario por parte de un compañero, Rafael Ávila (@rafavilwebsoc), en el que relataba una iniciativa que él y algunos de sus compañeros pretendían poner en práctica en su biblioteca. Rafael contaba lo siguiente: Iniciativas altruistas, te cuento una: un grupo de bibliotecarios de mi centro pretendemos convencer a la Dirección para que nos deje proyectar un servicio de asistencia y soporte informativo a parados. No es una idea original, es USA es muy habitual, peo nos parece un buen ejemplo a seguir. Se teme, y lo entiendo que, de tener éxito el servicio, se puedan colapsar el resto de prestaciones que dispensamos, pero no hacer nada en esta situación me parece un lujo. Se puede informar sobre sites donde ofrezcan empleo, cursos, emprendimiento. ¿No somos los que mejor manejamos la información? Pues utilicémosla para echar una mano. ¿Una red 2.0 que cree una comunidad de asistencia a desempleados?”

Este relato me hizo reflexionar sobre mis propias experiencias como bibliotecario y, concretamente, sobre una en especial: la relación de un bibliotecario raso con sus superiores. De entrada, tengo que confesar que llevo bastante mal el tema de las jerarquías (será porque mi abuelo era militar), pero en general, aunque lo haya intentado y me haya encontrado con gente bastante cordial en lo personal, tengo que decir que la experiencia ha sido más bien frustrante. Remarco que es mi propia experiencia subjetiva.

En estos momentos soy un bibliotecario en paro. Antes trabajé durante cinco años como bibliotecario-currito (sí, de esos que hacen de todo pero que cobran como si no hicieran nada) en la Universidad Complutense de Madrid. La biblioteca complutense consta de múltiples bibliotecas de centro y los llamados servicios centrales. Si nos imaginásemos que la biblioteca es una pirámide, los servicios centrales se situarían en la cúspide. Allí, en la cúspide, alejados del ruido, habita un tipo especial de bibliotecario: los jefes o, como mi compañera Rocío y yo los llamábamos, las cabezas pensantes. ¿Su misión? Diseñar una biblioteca ideal. La verdad es que ni yo ni mi compañera supimos nunca a qué biblioteca pensarían esas cabezas pensantes que va la gente ¿Acaso a la suya, la ideal, o más bien a aquella donde estábamos los curritos?

Se ve que en el mundo de las bibliotecas también hay clases y clases, porque en los cinco años que estuve trabajando en una de estas bibliotecas de centro, de las que manchan, ni una sola vez, ni una, vi aparecer a uno solo de los expertos de la élite-bibliotecaria. No tengo la certeza estadística (la única que valdría para juzgar esta situación) pero las charlas informales con compañeros de otros centros no hacían más que corroborar mi sospecha. No sé si por desidia o porque los directores de centro se podrían ofender al sentir que alguien invadía su terreno (cada uno a lo suyo), el caso es que a los supuestos expertos ni se los olía. Fue tanto así, que llegamos a plantearnos si en los cálculos que los jefes harían para levantar su biblioteca ideal, la variable gente sería tenida en cuenta o no. Me refiero a Pepito Pérez y Pepita García, no a ese tipo de gente que queda tan ideal en los anuncios de Bankia.

La apariencia, no sé si real, era que allá arriba, en el lejano imperio bibliotecario, se quería tanto a las bibliotecas, que lo mejor era tenerlas alejadas de la gente, no vaya a ser que se las manchasen o, lo que es aún peor, que las desorganicen (con la de congresos que les había costado ordenarlas).

La lejanía de la élite bibliotecaria con respecto a la gente, me recordaba bastante a la de los grandes teóricos revolucionarios de la historia (prefiero no dar nombres). Cuando la gente, el pueblo, después de hacer la revolución, les entregó la posibilidad de llevar sus ideas a la práctica, al darse cuenta de la heterogeneidad que la realidad les imponía, decidieron sacrificar a la gente para salvar la homogeneidad de sus ideales. Los resultados totalitarios de esta decisión son de sobra conocidos, de ahí, en parte, creo, la hegemonía del pensamiento único que nos ha llevado, entre otras cosas, a donde nos encontramos en estos momentos.

El modelo de biblioteca que esta actitud elitista de los dirigentes bibliotecarios (lamentablemente secundada por muchos curritos) engendraría, contraria en esencia al espíritu 2.0 (a lo mejor esta puede ser una de las explicaciones de por qué las web social no acaba de arrancar en las bibliotecas), sería uno fiel a lo que David Lankes, profesor de la Universidad de Syracuse, denomina como “lending model” y que yo traduciría como “biblioteca de mírame y no me toques”. En ella se trata de que la gente entre silenciosamente, coja algo (no mucho, que no hay para todos…préstamo, creo que lo llaman) y se largue lo más rápido posible para dejar entrar al siguiente huésped.

Afortunadamente, existen autores, el mismo Lankes, por ejemplo, que trabajan por un nuevo modelo de biblioteca, una que encajaría en los postulados del “sharing model” y que yo llamo biblioteca compartida. Ésta no sólo invita a la gente a entrar, sino a quedarse, facilitando que cada cual aporte sus propios recursos, buscándose el compartir y el que se comparta con ellos. La misión de la biblioteca no sería ya organizar todos esos contenidos heterogéneos y colocarlos en un único lugar con el propósito de ser distribuidos o prestados, sino que su misión sería la de permitir el acceso a los mismos y facilitar el intercambio. No es tanto reunir la colección en un mismo lugar como reunir a la gente. Eva Méndez dijo una vez que lo importante de una biblioteca no es lo que se tiene, sino a lo que se da acceso. Yo añadiría que lo importante de una biblioteca no es lo que se tiene, sino lo que se comparte. La idea, pues, es convertir a las bibliotecas en plataformas bibliotecarias que abracen de lleno los principios de la web social. De ahí a la conexión con el conectivismo (valga la redundancia), como teoría del aprendizaje en la era de la información digital, va un paso y de ahí a los MOOCs, pues ya se sabe…y hasta aquí puedo leer porque así, de un plumazo, acabo de describir cuál es el planteamiento de mi TFM que estoy intentando escribir.

 

Cocineros o frailes: dos maneras de leer un blog


En España se suele usar una expresión: “ser cocinero antes que fraile”. No sé si estaré en lo cierto o no, pero yo personalmente interpreto este dicho en el sentido de que una vida activa previa (la de cocinero) es condición necesaria para tener una vida contemplativa (la del fraile) enriquecedora, tanto para uno mismo como para los demás.

Llevo ya bastante tiempo inmerso en el apasionante mundo de los blogs, sin embargo, desde que he empezado a escribir el mío propio, se puede decir que me he convertido en un fraile metido a cocinero. En el poco tiempo que llevo en mi nueva condición, me he dado cuenta de que, reflexionando sobre lo que he aprendido en este lapso de tiempo tan corto, pueden existir dos maneras de leer un blog.

La del fraile contemplativo:

Antes de empezar a publicar mis propios posts, yo era (¡ya estoy usando el pasado!) un lector casi compulsivo de blogs. Encontraba uno, me gustaba, me suscribía y a leer. Artículos, artículos y más artículos. Los que más me gustaban los compartía y organizaba y vuelta a empezar.

La del cocinero participativo:

Una vez puesto el delantal de cocinero-bloguero, me he dado cuenta de que existe una manera mucho más enriquecedora de acercarse a los blogs. Antes pensaba que un blog empezaba y terminaba en sus artículos. Jamás había reparado en los comentarios que se hacían a esos mismos artículos; no se me había ocurrido pararme siquiera a hacer yo mismo uno. Había demasiados artículos que leer para perder el tiempo, pensaba. Gran error. El tener el privilegio de poder leer los comentarios que están recibiendo por parte de mis compañeros de #websoc13 mis pocos post publicados, me están ayudando, más que cualquier lectura contemplativa, a depurar mis propios pensamientos como jamás habría pensado. El diálogo, al menos para mí, no puede estar resultando más constructivo. Esto es, precisamente, a lo que creo se refería @LiaSantGr en el siguiente Tweet: 

Imagen

Si estoy en lo cierto, desde luego no puedo estar más de acuerdo con ella. ¿Será esto a lo que se refieren cuando se habla del conocimiento aumentado y de la inteligencia colectiva?

Uppss!!! Me gustaría poder ensayar una respuesta a estas cuestiones, pero lo tengo que dejar aquí porque estoy empezando a sufrir un ataque de “notitis aguda”. Me acabo de acordar de que tengo Digitalización y Preservación abandonada y hay examen.

Democracia xml y biblioteca compartida


Viendo el vídeo “Web 2.0: the machine is us” la primera imagen que me ha venido a la cabeza es aquella tan famosa sobre la evolución humana en la que se va viendo de forma lineal, pasando por cada una de las distintas fases, cómo el mono se va convirtiendo en hombre…o mujer, según se mire. Lo que quiero decir es que no se puede describir de una forma más gráfica cuáles son los orígenes de la web social y cómo ha llegado a convertirse en lo que hoy conocemos. Del html, en la que la publicación de contenidos en la web era sólo accesible a los expertos informáticos, los portadores del código, un puñado de elegidos cuya misión es salvar el mundo…virtual, al xml, en el que contenido y forma se separan para engendrar “nuestra máquina”, la web social (primer caso conocido de la historia en la que de una separación surge algo bueno).evolución

Con la web social se rompe el monopolio de los expertos sobre los medios de publicación. El resto de los mortales aprovechan la oportunidad y se lanzan a publicar, dándose cuenta del valor que tienen las cosas que saben y lo que pueden seguir aprendiendo si comparten y colaboran (permítanme la idealización). Antes los expertos publicaban y el resto consumíamos. Ahora, en cambio, todos publicamos y consumimos al mismo tiempo. Nos convertimos, sin darnos cuenta, en prosumidores.

¿La web aristocrática que hablaba html ha mutado en democracia xml? Yo diría que no. Los medios de publicación se distribuyen, los de producción de servicios no. Este es el nuevo modelo de negocio de la web, en el que grandes compañías ejercen una influencia determinante. Por ahora sus intereses y lo nuestros conviven en armonía. Ellos ganan dinero con la información que les proporcionamos y nosotros nos aprovechamos gratuitamente, o casi, de sus servicios. Cuando este equilibrio se descomponga, serán sus intereses, no los nuestros, los que prevalezcan. No sé hasta qué punto, entonces, la máquina somo nosotros.

Movimientos como el open acces o los hackers pueden resultar el contrapunto. En un medio ambiente dominado por la ética de trabajo capitalista, movida por la recompensa esperada del dinero, dichos movimientos representan un pequeño mundo paralelo donde el beneficio monetario es sustituido por el intercambio de capital simbólico como motor de la economía del trabajo (La ética del hacker y el espíritu de la era de la información/ Himanen, Pekka). Se busca el reconocimiento mutuo y la adquisición de renombre; se busca prestigio, no dinero, y el prestigio se acumula aportando valor a la comunidad y abriendo el acceso a los contenidos, no apropiándoselos para crear una escacez ficticia por medio de copyrights, patentes, etc. Si un@ pensase en una biblioteca ideal, ¿en cuál de los dos tipos de economía la situaría? Pues eso, una biblioteca compartida.

Hagamos como si no existieran las notas en el curso websoc13


Se abre el curso websoc13 y una de las primeras actividades que se nos propone consiste en contestar tres cuestiones: qué esperas de la asignatura, mi concepción de la web social y sus aplicaciones y el uso actual que hago de la web social. Empecemos, pues, por la primera.

Qué espero de la asignatura:

Suponiendo que al final websoc13 resulte sólo ser una asignatura más del máster, es decir, una asignatura en la que los contenidos ya están prefijados de forma lineal para así facilitar su evaluación por medio de pruebas más o menos estandarizadas, pues no espero gran cosa. Aprobar a lo sumo y con cuanta más nota mejor.

No obstante, el hecho de que, de entrada, la asignatura salga del espacio tan limitado y formal que supone Moodle y se abra a nuevos territorios de carácter más informal (en los que, como nos recuerda Dolors Reig en numerosas ocasiones, aprendemos el 80% de lo que sabemos ) como por ejemplo este blog, hace que, de entrada, la vea de forma especial. El tener el privilegio de poder compartir mi actividad en torno a los contenidos de esta asignatura con mis compañer@s, entre los que incluyo a los dos tutores, y poder ver la suya, comentándola y evaluándola de forma recíproca, hace que tod@s podamos aprender de tod@s, o lo que es lo mismo, que aprendamos de verdad. Extender el diálogo a tod@s, haciendo públicos trabajos que antes quedaban en un diálogo exclusivo entre alumn@ y profesor, y que se tengan en cuenta los intereses de aprendizaje particulares de cada un@ para definir los contenidos del curso, nos invita a que de alumnos pasivos, nos convirtamos en participantes activos, lo que, evidentemente, valoro muy positivamente.

La filtración de contenidos (content curation) colaborativa, la auto-publicación y la evaluación por pares, es la mejor manera de explotar al máximo los entornos personales de aprendizaje (PLE), en los que incluyo las redes personales de aprendizaje (PLN), que las herramientas de la web social contribuyeron tanto a construir. Me parece obsoleta, por no decir sin sentido, ese tipo de pedagogía que se empeña en reproducir un sistema como el descrito por Joaquín Rodríguez en los siguientes términos:

nuestro vetusto sistema educativo está basado en la evidencia contraria: en callar y no rechistar en aras del supuesto respeto a la incuestionable autoridad (del sabio, del profesor); en repetir y memorizar sin apenas cuestionar, siempre individualmente, descartando cualquier clase de colaboración o asistencia, en la presuposición de que el genio siempre es individual; en conformarse con las evidencias que proporcionan, ordenada y linealmente, las fuentes sobre las que la autoridad se soporta (el currículum, los manuales); en someterse al orden establecido de las cosas (físico, ideológico)”

Tengo bastante esperanza puesta en una nueva alternativa pedagógica, los MOOCs. Aunque dada su inmadurez, aún están por definir, la iniciativa creada por Stephen Downes y George Siemens, me parece la más prometedora para hacer posible un cambio radical del modelo pedagógico. Los MOOCs se nutren originalmente de las ideas del conectivismo, presentada como la teoría del aprendizaje en la era digital. En la práctica, el conectivismo consiste en utilizar la web como plataforma distribuida de fuentes de información, entorno colaborativo y espacios de auto-publicación.

El primer MOOC fue organizado en 2008 bajo el título “Connectivism and Connective Knowledge course (CCK08)”, del cual se han ido celebrando sucesivas ediciones. Posteriormente, a partir de 2011, grandes universidades norteamericanas, por medio de plataformas como Coursera, edX o Udacity, están intentando domesticar a la fiera y, con ello, están reproduciendo algunas de las prácticas del modelo pedagógico que se intenta superar y que plataformas como Moodle o Blackboard se encargaron de trasladar a lo virtual de forma indiscriminada. De hecho, se habla ya de dos tipos de MOOCs: cMOOCs, identificados con los primeros y xMOOCs, los de las grandes plataformas.

Tengo que confesar que leyendo el cronograma de actividades de la asignatura me surgen algunos temores. Me gusta ir tirando del hilo por mí mismo, que una lectura me conecte con otra lectura, que una idea me conecte con otra idea, que una persona me conecte con muchas otras. La sensación de sentir cómo el propio proceso de aprendizaje personal va madurando por sí mismo, a su propio ritmo, es intransferible. Cada currículum es individual y único. Habrá tantos como participantes en el curso. ¿Cómo poder evaluar esto de forma cuantitativa en un curso, además, de tan pocas semanas? Imposible, lo sé. En un mundo de desconfianzas mutuas, si los números no declaran a favor, uno no tiene manera de certificar lo aprendido. Intentaré, pues, hacer como si las notas no existieran, porque ¿cuántas son 650 palabras?

 Mi concepción de la web social y sus aplicaciones:

Mi concepción de la web social se ajusta a la visión ideal que de Internet en general tiene Antonio Lafuente como parte de lo procomún digital. Para mí, la web social es lo que haría posible que Internet sea verdaderamente parte del procomún, haciendo de ella un espacio descentralizado y participativo, abierto a todos. De sus cualidades han nacido experimentos de colaboración social, generación y circulación gratuita de conocimiento tan interesantes como la Wikipedia, que han merecido la atención entre otros de Felipe Ortega y Joaquín Rodríguez en un libro “recomendabilísimo”: “El potlatch digital: Wikipedia y el triunfo del procomún y el conocimiento compartido” .

No obstante, la web social y todas las aplicaciones que la conforman, conviene no olvidarlo, tiene un lado oscuro: la esencia primordialmente privada de los servicios de los que somos meros usufructuarios. Gigantes como Google, Amazon, Apple o Facebook son multinacionales capitalistas operando a escala global. Su naturaleza es hacer dinero. En el momento que dejen de obtener beneficios, cambiarán o modificarán sus servicios por otros más lucrativos, llegando, en algunos casos, incluso a clausurarlos. Ejemplo de esto último es Google Reader que el próximo julio dice adiós. ¿Por qué Google Reader? ¿Por qué?…sigo aún lamentándome. El carácter alienado de nuestra relación con los proveedores de este tipo de servicios es evidente y le aleja de cualquier pretensión democrática real con la que se le quiera dotar a la web, de ahí el papel protagonista reservado a las bibliotecas para hacer auténticamente real la visión de Antonio Lafuente.

Uso actual que hago de la web social:

El uso efectivo que hago de las herramientas que me proporciona la web social se ajusta, o lo pretende, a los patrones marcados para la creación de mi propio Espacio Personal de Aprendizaje (PLE). La idea es crear mi propio proceso de aprendizaje, lo que implica la selección y organización de la información en entornos abiertos y colaborativos, ajustado a las maneras informales en que se produce el conocimiento. Algo que resulta, no sólo enriquecedor, sino también divertido. Qué contraste con la presión que supone la preparación de un examen…total para que lo memorizado se olvide tan pronto acabas de escribirlo.

Tengo que reconocer que la eficacia de la web social se ha visto multiplicada gracias a la ayuda de la web móvil y el cloud computing. Los ordenadores portátiles están bien, pero las tablets y los smartphones no tienen competencia a la hora de acceder a la información y compartirla. Si a eso unimos la posibilidad de sincronización de todos los dispositivos en la nube, entonces la adicción a la web social está servida.

Las herramientas que utilizo son varias. Para la selección de fuentes de información uso lectores RSS, antes Google Reader…¿por qué Google Reader?…y ahora Feedly, Flipboard y The Old Reader, entre otros (estoy aún en fase de pruebas) para estar actualizado en la lectura de los blogs a los que estoy suscrito; soy seguidor de personas e instituciones en Twitter, Facebook o Google+. Para estar al día de la evolución de temas concretos encuentro muy útil los hashtags de Twitter, los grupos de Facebook, Google+ o Mendeley y, sobre todo, Scoop.it, aplicación exclusiva para el filtrado de información.

Para organizar toda esta información recurro a Pocket, donde pongo en cuarentena artículos que me pueden interesar para leer en otro momento, Flipboard, que te permite desde hace no mucho crear tus propias revistas temáticas y, por supuesto Scoop.it y los siempre socorridos gestores bibliográficos como Zotero y Mendeley. También uso Evernote pero en mucha menor medida. No es necesario decir que según voy organizando la información la voy compartiendo a través de Twitter y Facebook y, últimamente cada vez más, también Google+.

No hay un PLE que se precie que no cuente con un espacio de auto-publicación, sea un blog, lo más habitual, o una web. Casualmente, yo carecía de uno de ellos hasta este preciso momento. Se puede decir que con este, mi primer blog, se cierra el círculo de mi PLE, lo que no quiere decir que no siga creciendo con nuevas herramientas o transformándose, al cambiar unas por otras.

Hola mundo…virtual, hola websoc13!!


Gracias a los profes-guías del curso websoc13 por habernos “animado” a abrir nuestro propio blog a aquellos que no lo habíamos hecho hasta ahora. Estoy seguro que van a salir cosas muy buenas de esta  experiencia que espero se prolonguen más allá del curso.

Me siento un poco como Neil Armstrong cuando pisó la luna pero al revés. Este es un paso insignificante para la humanidad pero un gran paso para mí.Imagen